11 enero 2010

Un colirio urbano

No esperen velitas. Ni siquiera un pastel. Tampoco habrá regalos, ni fiesta, ni confeti ni, mucho menos, invitados de caché. Nada por todo lo alto. Muy al contrario. Me rodea una decoración añeja, unas maletas aún sin deshacer y un sucio plato en el que acabo de comerme un exquisito combinado casero de atún de lata, olivas rellenas, salchichas envasadas y mayonesa en sobre, todo acompañado de un excelente Manantial Agua 1oo% Natural adquirido en el supermercado de la esquina. Delicias turcas para celebrar mi primer aniversario en Bogotá. Y es que hoy cumplo una semana en la otra orilla del mundo. Está bien, reconozco que tampoco es para tanto. Pero qué quieren que les diga, a mi me parece que llevo una eternidad en una ciudad que, conforme los días pasan, me gusta más y más.


Ya empiezo a llorar como un crío. No saquen conclusiones precipitadas. No es que la tristeza me aturda en esta celebración de andar por casa. Desde hace días, mis ojos han dicho basta a la contaminación que campa a sus anchas en muchas partes de esta megaurbe, y que es vomitada por los miles de coches, motocicletas, busetas, camiones, taxis y autobuses que serpentean entre los vetustos edificios. Si a eso le sumamos que la ausencia total de lluvias en el último mes provoca que el ambiente se perciba denso y cargado, y que me he pasado cinco días recorriendo a pie la ciudad durante largas horas en busca de un piso que arrendar, no es de extrañar que mis rojizos ojos se hayan declarado en huelga indefinida y que mis glándulas lacrimales, piqueteras ellas, hayan iniciado un boicot de producción, abriendo las puertas de la presa de los lloros de par en par. Menos mal que un colirio suministrado por una guapa farmacéutica parece haber dado una leve tregua a las encendidas iras de mis empantanados globos oculares, que miran al cielo rogando que, de una vez por todas, se decidan a caer esas deseadas lluvias limpiadoras que inunden al fin una ciudad ahogada en la sequía. Unos aguaceros que supongan un colirio urbano para sanear el pesado aire que me envuelve y que enjuague unos ojos que parecen convertidos por momentos en piscinas olímpicas del sollozo.



(El hipocondríaco autor de este blog, aplicándose colirio mientras muerde un bolígrafo para afrontar
el insoportable dolor de la operación que pretende llevar a cabo)

3 comentarios:

Tabatha Valls dijo...

Només et faltava això! Espero que els ulls ja se t'hagin acostumat al dia a dia de Bogotá!! I que trobis la teva particular mansió! I que disfrutis de la feina! I que tot vagi molt bé!

Manuela dijo...

Yo tengo un problema parecido con la polusssión, pero, en mi caso, la afectada ha sido mi garganta, que se está resintiendo de tanto humo y empieza a sonar parecida a la de Joe Cocker. Oye, ¿cómo va el tema piso? Un abrazo

Alejandro Cubero dijo...

@Tabatha: gràcies Tabi!!! La veritat és que amb els dies ja la cosa m'ha millorat. Però vaig tenir un parell de dies fatals... De moment, fins dijous no començo a l'agència, ja que ens han deixat un parell de dies més per arreglar el tema casa. un petonàs! Tot bé?

@Manuela: Tranquila, hasta que alcances el punto Louis Armstrong aún tienes margen de carraspeo. Pues ya tenemos un piso cada uno localizado -aunque vamos mirando también otras cosas-, y ahora estamos negociando las condiciones. Nosotros esperamos que entre el jueves y el fin de semana ya estemos instalados en nuestras respectivas casitas. Qué tal las primeras experiencias en DF?

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